Son de las plagas más peligrosas, ya que además de dañar bienes materiales, son portadores de enfermedades graves.
Sus dientes crecen constantemente y los desgastan roiendo cables, madera y plásticos.
Son muy hábiles: pueden trepar, saltar y nadar.
Se reproducen muy rápido: una pareja puede originar más de 1,000 crías en un año.
Transmiten enfermedades como rabia, leptospirosis, hantavirus y salmonelosis. Además, son portadoras de pulgas.
Dañan instalaciones eléctricas, causando riesgo de incendios.
Contaminan alimentos y dejan rastros de orina y heces.
Ruidos extraños: crujidos, rasquidos o pasos ligeros en techos, paredes o detrás de muebles, sobre todo en la noche.
Excremento: son oscuras y pequeñas (ratones) o más grandes (ratas), encontradas en alacenas, esquinas o cerca de alimentos.
Olores fuertes: un olor acre y desagradable que se intensifica en áreas cerradas.
Objetos roídos: cables, bolsas, cartón, madera o empaques mordisqueados.
Nidos: acumulaciones de papel, tela, hilos o material suave en rincones, bodegas o detrás de electrodomésticos.
Huellas y manchas: marcas de grasa o polvo en paredes y pisos debido al roce constante de su cuerpo.
🔎 Tip rápido: revisa detrás del refrigerador, bajo tarimas, en techos falsos, bodegas, coladeras y cerca de desagües, que son puntos comunes de entrada y escondite.
👉 Si detectas señales: actúa de inmediato, ya que los roedores se reproducen rápidamente y pueden dañar tus instalaciones y transmitir enfermedades.